La coronación de Fátima Bosch como la nueva Miss Universe 2025, celebrada recientemente en Bangkok, continúa provocando reacciones intensas dentro y fuera del escenario. Mientras la ganadora mexicana disfruta su triunfo, el certamen enfrenta una ola de cuestionamientos que ha puesto en entredicho la transparencia del proceso.
El presidente del concurso, por su parte, defendió públicamente la legitimidad de la elección, rechazando categóricamente las denuncias de fraude que circularon tras la final. Además, anunció que tomará medidas legales contra aquellos que, según indicó, han difundido información falsa que afecta la credibilidad del evento. También aclaró que los contratos que su empresa había firmado con entidades relacionadas a México no guardaban relación con ninguna de las finalistas y que no representaban un conflicto de interés.
A la controversia se suma la renuncia sorpresiva de Miss Costa de Marfil, cuarta finalista, y quien ostentaba el título de Miss Universe de África y Oceanía. Olivia Yacé comunicó que no continuaría en su rol por razones vinculadas a sus compromisos con el certamen. Su salida llamó la atención ya que ocurrió a muy poco tiempo haberse coronado a Bosch, avivando aún más las conversaciones sobre la transparencia del sistema de votación y las decisiones del jurado.
Estos eventos simultáneos han colocado al certamen en una posición delicada: por un lado, celebra una nueva reina; por otro, se enfrenta a dudas sobre la integridad del proceso. Además, mientras el concurso se prepara para su próxima edición, que se llevará a cabo en Puerto Rico, el reto mayor será fortalecer la confianza del público y demostrar que las decisiones se toman de forma justa y clara.
La organización ahora deberá manejar el impacto de estas controversias, atender las percepciones del público y asegurar que la próxima edición llegue libre de sombras y enfocada en los valores de equidad, transparencia y excelencia que se espera de un evento de tal alcance internacional.
