EL PESO INVISIBLE DE LA DIABETES

A medida que noviembre llega a su fin, también concluye el Mes de la Concientización sobre la Diabetes, una campaña anual que busca visibilizar una de las enfermedades crónicas más extendidas y menos comprendidas en el mundo. Sin embargo, más allá de estos 30 días de activismo y educación, los desafíos que plantea esta condición permanecen activos todo el año.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 500 millones de personas viven con diabetes a nivel global, y se estima que esta cifra aumentará en las próximas décadas. En muchos casos, la enfermedad se desarrolla de forma silenciosa, sin síntomas evidentes durante años, hasta que aparecen complicaciones graves.

La diabetes se presenta en dos formas principales: tipo 1, de origen autoinmune, y tipo 2, que representa cerca del 90% de los casos y está estrechamente relacionada con factores como el sobrepeso, el sedentarismo y una alimentación poco saludable. También existe la diabetes gestacional, que puede afectar a mujeres embarazadas sin antecedentes previos de la enfermedad.

Uno de los principales retos es la falta de diagnóstico. Se estima que una de cada dos personas con diabetes tipo 2 no sabe que la padece. Esto retrasa el tratamiento y aumenta el riesgo de complicaciones como enfermedades cardiovasculares, insuficiencia renal, pérdida de visión y amputaciones.

Durante este mes, organizaciones médicas, pacientes y profesionales de la salud han realizado campañas de detección, charlas educativas y actividades públicas para promover el conocimiento sobre esta condición. Sin embargo, los especialistas insisten en que la prevención y el control deben ser una prioridad permanente.

El control médico regular, una dieta equilibrada, la actividad física y la educación en salud son las herramientas más efectivas para prevenir la diabetes tipo 2 y mejorar la calidad de vida de quienes ya la padecen.

Al cerrarse el mes, queda el llamado a no bajar la guardia: la diabetes puede ser una enfermedad silenciosa, pero su impacto es profundo. La conciencia debe durar más que una campaña: debe convertirse en compromiso colectivo.