En Puerto Rico, las fiestas no empiezan el 24 ni terminan el 31. Empiezan con los primeros encendidos, siguen con los intercambios, las parrandas, las despedidas de oficina y pueden estirarse después de Reyes a las Octavitas y después empiezan las Fiestas de la Calle San Sebastián. En ese maratón festivo, intentar cuidar el peso parece una causa perdida.
El problema no es solo la comida. Es la cultura del plato lleno, del “prueba un poquito más”, del repetir para no quedar mal. Es el lechón, el arroz con gandules, los pasteles, el tembleque, el flan y el brindis que se repite más veces de las que uno planeó. Todo acompañado de la idea de que cuidarse en estas fechas es casi una falta de respeto.
Aquí es donde mucha gente se rinde antes de empezar.
NO ES FALTA DE DISCIPLINA, ES EL ENTORNO
Reducir el aumento de peso en Navidad a fuerza de voluntad es simplificar demasiado. En nuestra Isla, las celebraciones giran alrededor de la comida y la bebida como expresión de cariño y comunidad. Negarse a todo no es realista, pero entregarse sin freno tampoco.
Además, este período suele venir cargado de cansancio acumulado, estrés económico y emocional, poco sueño y horarios desordenados. En ese estado, el cuerpo pide azúcar, grasa y alcohol. No por antojo, sino por supervivencia mal interpretada.
EL ENGAÑO DEL “EN ENERO EMPIEZO LA DIETA”
Apostarlo todo a enero es una trampa conocida. No solo por las libras extra, sino porque refuerza la idea de que el autocuidado es algo que se puede apagar y prender según el calendario. En un lugar donde ya existen altos índices de sobrepeso, diabetes e hipertensión, ese aplazamiento pasa factura.
Salir airoso de las fiestas no significa comer ensalada mientras los demás celebran. Significa decidir con intención. Comer lo que realmente vale la pena y no todo lo que aparece. Servirse bien una vez, no cinco “chinchorreos” consecutivos. Beber con conciencia, no por presión social.
ESTRATEGIAS REALISTAS PARA BORICUAS EN DICIEMBRE
– Una comida ancla al día: si la cena va a ser pesada, cuida el desayuno o el almuerzo.
– No llegar muerto de hambre: saltarse comidas antes de una actividad suele terminar en exceso.
– Alcohol con estrategia: alternar con agua y evitar mezclar sin control reduce calorías y malas decisiones.
– Muévete sin castigarte: caminar, bailar en la parranda o subir escaleras también cuenta.
– El peso no se define entre Navidad y Año Nuevo: se define entre Año Nuevo y Navidad.
Las fiestas no tienen que ser una sentencia contra la salud. Tampoco tienen que vivirse con culpa. El verdadero logro es llegar a enero sin resentimiento con el cuerpo, sin promesas imposibles y con la sensación de que se disfrutó sin perder el control.
* Para la redacción de este artículo se utilizó parcialmente un modelo de inteligencia artificial con fines de investigación.