PODER FRAGMENTADO: ¿Y AHORA QUIÉN GOBERNARÁ VENEZUELA?

La captura del presidente Nicolás Maduro por fuerzas de Estados Unidos durante la madrugada del 3 de enero de 2026 abrió el mayor vacío de poder en Venezuela desde 2019. A diferencia de episodios anteriores de crisis institucional, esta vez no hay un solo centro de mando reconocible, sino varios actores reclamando autoridad desde frentes distintos: el Ejecutivo chavista, la oposición, el estamento militar y, por primera vez de forma explícita, Washington.

El resultado inmediato no es una sucesión clara, sino una disputa simultánea por la legitimidad y el control efectivo del Estado.

El chavismo sin Maduro: continuidad bajo presión

Desde el oficialismo, la primera reacción vino de la vicepresidenta Delcy Rodríguez, quien confirmó que Maduro y la primera dama, Cilia Flores, se encontraban desaparecidos y exigió una “fe de vida”. Su posición se apoya en la Constitución venezolana, que establece que ante una “falta absoluta” del presidente, el Ejecutivo debe recaer de manera provisional en la Vicepresidencia.

Sin embargo, ese argumento jurídico choca con una realidad política frágil. Rodríguez puede reclamar la continuidad institucional, pero su capacidad para ejercer mando efectivo depende de dos factores que hoy están en entredicho: la cohesión del Partido Socialista Unido de Venezuela y, sobre todo, el respaldo militar.

En ese terreno, la figura clave es el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, quien calificó la operación estadounidense como una “invasión” y aseguró que el gobierno no cedería ante presiones externas. Su mensaje apunta a que la cúpula militar mantiene el control operativo de las Fuerzas Armadas y de las principales instituciones del Estado, al menos por ahora. En la práctica, esto sugiere un poder compartido de facto entre el alto mando militar y la Vicepresidencia, más cercano a una administración de emergencia que a una sucesión ordenada.

La oposición: reclamo de ruptura inmediata

Del lado opositor, la captura de Maduro fue presentada como el punto de quiebre largamente esperado. María Corina Machado llamó a consolidar una transición democrática y sostuvo que el chavismo perdió cualquier resto de legitimidad al quedar su líder bajo custodia extranjera.

En ese marco, Machado instó a que Edmundo González Urrutia asuma de inmediato la presidencia, basándose en los resultados que la oposición afirma haber obtenido en las elecciones de 2024. El problema de esta posición es evidente: aunque el reclamo político existe y cuenta con apoyo internacional previo, González no controla instituciones, territorio ni fuerzas armadas dentro del país. Su autoridad, por ahora, es más simbólica que ejecutiva.

Estados Unidos: control externo sin ocupación formal

La mayor novedad de esta crisis es la postura de Washington. El presidente Donald Trump afirmó que Estados Unidos “dirigirá” temporalmente la situación venezolana hasta que el país sea considerado seguro. Aunque negó intenciones de anexión u ocupación permanente, la declaración implica un control externo de facto, sin precedentes en la historia reciente del país.

Trump también expresó escepticismo sobre un gobierno encabezado por Machado y sorprendió al mencionar a Delcy Rodríguez como una posible interlocutora dispuesta a colaborar en una transición controlada. Rodríguez rechazó públicamente cualquier cooperación con la incursión estadounidense, lo que deja esa vía prácticamente cerrada.

Por su parte, el secretario de Estado Marco Rubio indicó que no se prevén nuevas operaciones militares y que Maduro enfrentará cargos de narcoterrorismo en Nueva York. El mensaje busca proyectar que la fase militar ha concluido, aunque el vacío político sigue abierto.

Un país con varios “jefes” y ninguno absoluto

A día de hoy, Venezuela no tiene un gobernante único y reconocido de forma plena. El poder está fragmentado:

  • Delcy Rodríguez reclama la continuidad del Ejecutivo chavista, respaldada parcialmente por el aparato institucional.
  • Vladimir Padrino López y la cúpula militar parecen garantizar el control interno, sin definir aún una salida política clara.
  • Edmundo González Urrutia es presentado por la oposición como presidente legítimo en espera de una transición.
  • Estados Unidos ejerce una influencia decisiva desde el exterior, condicionando los márgenes de acción de todos los actores.

Más que una sucesión presidencial, Venezuela enfrenta una interregno: un período en el que las reglas formales existen, pero no logran ordenar el poder real. La pregunta ya no es solo quién gobierna, sino cuánto tiempo puede sostenerse esta ambigüedad sin que el país derive en una ruptura mayor, ya sea política, social o militar.

* Para la redacción de este artículo se utilizó parcialmente un modelo de inteligencia artificial con fines de investigación.