COPRODUCCIONES CINEMATOGRÁFICAS ENTRE PUERTO RICO Y AMÉRICA LATINA: UN LEGADO QUE SE REINVENTA

Durante las décadas de 1970 y 1980, Puerto Rico se consolidó como un centro clave de producción de telenovelas en español, integrando talentos de México, Venezuela, Argentina y Cuba. Esta colaboración internacional no solo enriqueció la industria televisiva local, sino que proyectó a Puerto Rico como un referente cultural en América Latina. Más que una etapa histórica, aquel modelo demostró que la colaboración regional podía amplificar el alcance de nuestras historias.

En esa época dorada, figuras como Guillermo Dávila en Diana Carolina, Juan Ferrara en Tanairí, Salvador Piñera en Coralito, José Luis Rodríguez «El Puma» en Cristina Bazán y Andrés García en Ámame, entre otros, encabezaban los elencos de las producciones locales. Estos actores extranjeros aportaron diversidad, calidad y un atractivo internacional que amplió las audiencias y consolidó la reputación de Puerto Rico como productor de contenidos competitivos. La isla se posicionó como un puente cultural entre distintas naciones latinoamericanas.

Hoy, en un contexto audiovisual profundamente globalizado, retomar esa lógica de colaboración no responde a la nostalgia, sino a una estrategia concreta para escalar la industria cinematográfica puertorriqueña.

“Llevo años convencido de que el cine puertorriqueño tiene que pensarse más allá de su mercado local. La ruta no es solo hacer buenas historias, sino hacerlas relevantes para audiencias de habla hispana y con potencial global. Ese modelo ya funcionó décadas atrás: novelas boricuas como Tanairí llegaron a traducirse al húngaro y al ruso. Hoy la diferencia es que el streaming nos da acceso directo a esos públicos. El desafío es producir contenido de calidad que también sea rentable, porque sin rentabilidad no hay industria sostenible”, expresó Luis José Juarbe, creador y director de la serie Mi Medio Limón, una coproducción entre Puerto Rico y México en etapa de preproducción.

La coproducción como estrategia de crecimiento

En el escenario actual, la coproducción se perfila como una de las vías más efectivas para internacionalizar el cine puertorriqueño. Más allá de compartir costos, permite integrar talento, abrir puertas a nuevos mercados y aumentar las probabilidades de distribución. Países como México, con una industria sólida y en expansión, representan aliados estratégicos naturales para este tipo de iniciativas.

“Las fronteras culturales ya no son una barrera real para las historias. Hoy lo híbrido es la norma, no la excepción. En mi caso, mi esposa es mexicana y nuestros hijos son ‘borimex’. Esa mezcla no es teoría, es vida diaria. Por eso Mi Medio Limón, donde un mexicano se muda a Puerto Rico para comenzar una nueva vida junto a su pareja puertorriqueña, no es una premisa forzada, sino una historia completamente creíble dentro de la realidad actual”, añadió Juarbe, con cerca de 30 años de trayectoria en medios de comunicación.

Más y mejores producciones

A pesar de antecedentes importantes —como la nominación al Oscar de Lo que le pasó a Santiago, de Jacobo Morales— el crecimiento del cine puertorriqueño ha sido desigual. Durante años, la falta de rentabilidad ha limitado la continuidad de los proyectos y el desarrollo sostenido de la industria.

Sin embargo, en tiempos recientes se percibe un cambio. Han surgido producciones más maduras, con mayor intención narrativa y estándares técnicos más elevados, capaces de conectar con audiencias fuera de la isla y, en algunos casos, generar ingresos.

“En Puerto Rico hemos visto una evolución real en la calidad del cine, tanto en la narrativa como en el aspecto técnico. Hoy ya no se trata de hacer cine con limitaciones -aunque las sigue habiendo-, sino de seguir construyendo propuestas con intención, con lenguaje cinematográfico sólido y con un nivel que puede competir más allá del mercado local. Hay un mercado para seguir contando nuestras historias”, expresó Misael Martínez, socio de Media Room, cineasta y documentarista con más de 30 años de experiencia.

Los guiones necesitan trabajo

Si bien el área técnica ha mostrado avances significativos —en cinematografía, sonido, iluminación y postproducción—, el desarrollo de guiones continúa siendo uno de los principales retos para la industria local.

“Puerto Rico no tiene una cultura de escritura, como en Estados Unidos y Europa. Stanley Kubrick mencionaba que las tres cosas mas importantes al momento de grabar un film son los siguientes tres: el guión, el guión, el guión. El problema es que muchas películas locales tienen tramas algo predecibles, diálogos clichosos y pobre desarrollo de personajes. Si la historia, sus personajes y el conflicto no es sólido, ya vamos mal”, opinó el actor y fotógrafo Ramiro Delgado.

Por su parte, José Román, guionista puertorriqueño radicado en Los Ángeles, subrayó la importancia de pulir el guion antes de filmar. “Como decía Doc Comparatto, es más barato corregir en la página que en el set. Aunque ya no hablemos de celuloide, el principio es el mismo. En cada proyecto en el que he trabajado, el guion se reescribe varias veces antes de rodar, porque un reshoot no siempre es una opción”.

En la Ciudad de México, durante la filmación de una de las escenas del piloto de Mi Medio Limón, producida por Luis José Juarbe, José Román y Misael Martínez.

Un contexto cambiante y nuevas oportunidades

El panorama internacional también presenta oportunidades que pueden ser aprovechadas estratégicamente por Puerto Rico. Los cambios en la industria audiovisual estadounidense, junto con la búsqueda de eficiencia en costos de producción, abren una ventana para atraer proyectos y fortalecer la infraestructura local.

“Ahora mismo en Estados Unidos se están dando cambios enormes y están buscando traer de vuelta industrias que se habían ido. Puerto Rico debería estar de lleno en ese mapa como la mejor alternativa para recibir cine, igual que otras áreas. Al fin y al cabo, una de las razones por las que tantas producciones se han ido es porque en otros países consiguen costos más bajos y pueden evitar uniones o sindicatos”, expresó Carlos García, conocido productor y especialista en el área de cinematografía, con amplia trayectoria en la industria.

Asimismo, García añadió que, aunque los incentivos gubernamentales son vitales, es necesario complementar esos esfuerzos con la creación de contenido propio que sea competitivo y rentable.

Otro cineasta que apuesta a la producción local sin dejar de incentivar que producciones externas filmen en la Isla es Eduardo Salgado, presidente de la casa productora Media Society.

“Reconozco la importancia para la economía y para los empleos de muchos compañeros de que vengan a filmar a Puerto Rico, pero no es suficiente. Yo lo que quiero es ver es cómo podemos hacer algo nosotros que genere empleos y sea visto en otros países, pero desarrollando lo de aquí. Por eso estoy 100% de acuerdo con hacer coproducciones. Al trabajar con personas de otros países podemos complementarnos y aprender también de lo que ha funcionado en sus mercados. Eso enriquece la producción y sus contactos pueden ayudar grandemente con el aspecto de la distribución, que es clave para que el éxito de cualquier proyecto”.

Más que una opción, una ruta

El precedente histórico, las condiciones actuales del mercado y la evolución reciente de la industria apuntan en una misma dirección: las coproducciones no son simplemente una alternativa, sino una de las rutas más viables para escalar el cine puertorriqueño.

Aprovechar alianzas con mercados como México, fortalecer el desarrollo de historias con potencial internacional y apostar por modelos sostenibles de producción no solo permitiría ampliar el alcance de los proyectos locales, sino también construir una industria más consistente en el tiempo.

El reto no es menor, pero tampoco lo es la oportunidad. Puerto Rico ya demostró que puede ser un punto de encuentro para historias que cruzan fronteras. La diferencia hoy es que esas fronteras son cada vez más difusas, y el acceso a audiencias globales está al alcance como nunca antes.