MÉXICO LE GANA A ELON MUSK LA BATALLA POR MARTE, SEGÚN DIPUTADA

NOTA EDITORIAL: Este artículo es una pieza de sátira basada en declaraciones públicas y hechos verificables. Las situaciones, diálogos y consecuencias presentadas con intención humorística son exageraciones o recursos satíricos y no deben interpretarse como hechos reales. El Proyecto Ares y el trabajo de sus investigadores son reales y se distinguen expresamente de las afirmaciones políticas examinadas en este artículo.

México podría estar a punto de resolver uno de los mayores desafíos tecnológicos de la historia de la humanidad y, aparentemente, casi nadie se había enterado.

Mientras la NASA lleva décadas enviando robots a Marte, desarrolla tecnologías para algún día transportar seres humanos hasta allí y estudia cómo mantenerlos vivos durante semejante aventura, en Veracruz parece que han decidido simplificar el asunto.

Hay científicos.

Hay nave.

Hay “unos misiles”.

Hay café.

Y el año que viene nos vamos.

Al menos esa es la extraordinaria versión ofrecida por Victoria Gutiérrez Pérez, diputada local del oficialista Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) y presidenta de la Comisión Especial para la Atención, Seguimiento y Desarrollo de la Cafeticultura del Congreso de Veracruz.

La legisladora asegura que científicos veracruzanos involucrados en el Proyecto Ares “ya tienen una nave” y ha invitado a los periodistas a conocer un taller en el municipio de Emiliano Zapata donde, según explicó, se encuentran “las naves y unos misiles”.

También sostiene que podría haber una primera expedición en 2027.

Uno escucha la explicación y queda con la impresión de que viajar a Marte consiste en presentarse media hora antes en la terminal de autobuses.

Xalapa–Marte. Viaje redondo. Favor de conservar su boleto.

Quizás haga escala en Puebla.

PRÓXIMA PARADA: SOBERANÍA ESPACIAL

Pero la diputada no se quedó en el viaje.

Gutiérrez Pérez ha descrito Ares como un proyecto de “terraformación” mediante el cual Marte podría convertirse en un oasis apto para la agricultura.

Y allí, naturalmente, entraría el café veracruzano.

Porque después de aproximadamente 4,500 millones de años de historia, aparentemente lo que le faltaba al planeta rojo era una buena cafetería, como el “Gran Café de La Parroquia”, una institución histórica de Veracruz, famosa por su tradicional café lechero. Parte del ritual consiste en golpear con una cuchara el vaso de cristal para llamar al mesero, que llega con una jarra y vierte la leche caliente desde cierta altura.

Es difícil visitar el puerto sin encontrarse con la tradición.

Así que, siguiendo la lógica interplanetaria de estos días, podemos imaginar perfectamente la siguiente fase del Proyecto Ares:

La Parroquia de Marte.

Cráter Jezero, local 1.

Estacionamiento para rovers disponible.

No sabemos quién golpeará el vaso para llamar al mesero dentro de un hábitat presurizado, ni cómo se comportará la espuma del lechero con apenas 38% de la gravedad terrestre.

Pero esos detalles pueden resolverse después.

Primero lo importante: llegar con el café.

TIEMBLA, ELON

La legisladora tampoco limitó sus ambiciones a la agricultura.

Aseguró que el proyecto podría darle a México “soberanía espacial” y habló de “controlar a Elon Musk”, quien, según ella, “se quiere apoderar de todo”.

México, explicó, podría tener “su parte” en Marte.

Musk suponemos que fue informado.

SpaceX probablemente convocó una reunión de emergencia.

China y Rusia, que según la diputada también conocen el proyecto, deben estar recalculando sus presupuestos.

Porque una cosa es tener cohetes reutilizables, estaciones espaciales, sondas, satélites y décadas de experiencia.

Otra muy distinta es enfrentarse al poder combinado de Veracruz, un cafetal y unos misiles estacionados en Emiliano Zapata.

HOUSTON, TENEMOS UN CAFETAL

Aquí aparece, sin embargo, el detalle que transforma una historia simplemente cómica en otra bastante más seria:

El Proyecto Ares existe.

Hay investigadores mexicanos detrás de él.

Hay trabajo científico.

Hay prototipos.

Hay investigación relacionada con tecnología aeroespacial y con los enormes problemas que supondría una futura exploración de Marte.

Su principal impulsor, Héctor Omar Pensado Díaz, lleva años hablando de exploración espacial y del desarrollo gradual de tecnologías vinculadas a ese objetivo.

Eso merece respeto.

Precisamente por eso las declaraciones políticas resultan problemáticas.

Un prototipo experimental no es una nave interplanetaria operativa.

Estudiar tecnologías que podrían utilizarse algún día en Marte no significa tener un vehículo listo para viajar hasta allí.

Y plantear Marte como objetivo científico de largo plazo está a una distancia considerable de anunciar una expedición para el año próximo.

Confundir esas cosas no engrandece a la ciencia mexicana.

La convierte en meme.

LOS CIENTÍFICOS NO NECESITAN ESTA AYUDA

México necesita científicos capaces de soñar con Marte.

Necesita estudiantes construyendo prototipos.

Necesita ingenieros probando sistemas que posiblemente fallen veinte veces antes de funcionar.

Necesita investigación en propulsión, comunicaciones, robótica, agricultura en ambientes extremos, materiales y sistemas de soporte vital.

Necesita exactamente la clase de personas suficientemente atrevidas como para preguntarse si algún día México puede participar seriamente de la exploración interplanetaria.

Lo que esos científicos no necesitan es que sus investigaciones sean presentadas como si detrás del taller tuvieran estacionado un autobús cósmico calentando motores.

Porque decir:

“Estamos desarrollando tecnología pensando en una eventual exploración de Marte”

es ciencia perfectamente respetable.

Decir:

“Ya tenemos la nave y el año que viene hay expedición”

es una afirmación completamente diferente.

Y requiere evidencia completamente diferente.

MARTE NO QUEDA UN POQUITO DESPUÉS DE POZA RICA

Conviene introducir algunos datos incómodos.

Marte no tiene una distancia fija respecto de la Tierra. Ambos planetas se desplazan alrededor del Sol y pueden estar separados por decenas o cientos de millones de kilómetros.

Las oportunidades especialmente favorables para viajar entre ambos ocurren aproximadamente cada 26 meses.

Los viajes duran meses.

No es exactamente San Juan–Ponce.

Ni siquiera Xalapa-Poza Rica con tapón.

Una nave rumbo a Marte tendría que escapar de la gravedad terrestre, navegar durante millones de kilómetros, corregir su trayectoria, mantener funcionando sus sistemas durante meses, comunicarse con la Tierra y finalmente entrar en una atmósfera marciana extraordinariamente tenue para conseguir aterrizar.

Si transporta seres humanos, además debe mantenerlos vivos.

Hay que proporcionar oxígeno, agua, alimentos, protección contra radiación, control térmico y sistemas capaces de funcionar lejos de cualquier posibilidad de rescate inmediato.

Y si uno desea que los astronautas regresen a casa, capricho bastante común entre astronautas y familiares, aparece toda una colección adicional de problemas.

A septiembre de 2026, ningún ser humano ha viajado a Marte.

La NASA continúa desarrollando las tecnologías necesarias para hacerlo y habla de astronautas llegando al planeta rojo tan pronto como en la década de 2030.

Pero según la versión política de Ares, Veracruz podría adelantarse en 2027.

Es difícil decidir si debemos felicitar al estado o preguntar dónde se compra el boleto.

Y LUEGO ESTÁ LO DE TERRAFORMAR

Terraformar Marte tampoco significa sembrar unas matas, instalar riego por goteo y esperar la cosecha.

Terraformar significa alterar las condiciones ambientales de un planeta hasta hacerlo considerablemente más parecido a la Tierra.

Cambiar su temperatura.

Modificar su atmósfera.

Elevar su presión.

Crear condiciones que permitan agua líquida estable y eventualmente sostener formas de vida terrestre sin depender completamente de sistemas artificiales.

Y aquí aparece un pequeño aguafiestas llamado NASA.

Investigaciones patrocinadas por la agencia estadounidense concluyeron que Marte no posee suficiente dióxido de carbono accesible para terraformarlo utilizando la tecnología disponible actualmente.

Su presión atmosférica es inferior al uno por ciento de la terrestre.

Incluso procesando las fuentes conocidas de dióxido de carbono marciano, los investigadores estimaron que no se alcanzaría ni remotamente la presión necesaria.

En otras palabras:

hoy no sabemos terraformar Marte.

Pero supongamos que la diputada sí sabe.

En ese caso, olvidémonos del café.

Que patenten inmediatamente el procedimiento.

El Premio Nobel probablemente pueda esperar unos meses.

EL VERDADERO PROBLEMA NO ESTÁ EN MARTE

Sería muy fácil reducir todo esto a una colección de chistes sobre una diputada.

También sería desperdiciar la parte realmente importante de la historia.

El problema de fondo es la facilidad con la que el discurso político puede apropiarse del lenguaje científico sin comprender sus escalas, sus límites o siquiera la diferencia entre un prototipo y una nave operativa.

Y eso no es patrimonio exclusivo de Morena.

Ni de Veracruz.

Ni siquiera de México.

Políticos de todas las ideologías y países llevan décadas anunciando proyectos antes de terminarlos, inaugurando obras incompletas y convirtiendo aspiraciones en certezas cuando aparece una cámara.

Pero existe una responsabilidad particular cuando se habla de ciencia.

Porque el método científico funciona exactamente al revés.

Investigar significa medir.

Probar.

Equivocarse.

Corregir.

Volver a probar.

Y, sobre todo, reconocer honestamente lo que todavía no sabemos.

La ciencia dice:

“Estamos investigando si esto podría hacerse algún día”.

La política escucha:

“Ya tenemos la nave”.

Y para cuando termina la conferencia de prensa ya tenemos expedición para 2027, terraformación, soberanía espacial, Elon Musk bajo control y una cosecha de café creciendo junto al Olympus Mons.

PRÓXIMA SALIDA: 2027

Proyecto Ares merece ser conocido.

Pero por lo que realmente es.

Sus científicos merecen que se examine qué investigan, qué han construido, qué resultados han obtenido, qué obstáculos enfrentan y hasta dónde podrían llegar sus desarrollos.

Si investigadores mexicanos quieren dedicar veinte años a desarrollar tecnologías mirando hacia Marte, extraordinario.

Así funciona la ciencia.

Muchas de las tecnologías que hoy damos por sentadas comenzaron siendo ideas que parecían absurdamente ambiciosas.

Por eso precisamente existe una enorme diferencia entre soñar con Marte y anunciar que el autobús sale el año que viene.

Mientras tanto, Elon Musk puede dormir tranquilo.

NASA puede continuar desarrollando sus tecnologías.

China y Rusia pueden cancelar la reunión de emergencia.

Y los veracruzanos pueden seguir disfrutando uno de los cafés más emblemáticos de México sin recorrer decenas de millones de kilómetros para pedirlo.

Aunque debemos reconocer que una sucursal marciana de La Parroquia tendría cierta elegancia.

El astronauta se sienta.

Saca la cuchara.

Golpea tres veces el vaso.

Tin. Tin. Tin.

Y espera al mesero.

Si después de seis meses aparece con la leche, uno espera por lo menos que no la cobre aparte.