RUMBO A 2028: LA DIVISIÓN OPOSITORA PODRÍA VOLVER A FAVORECER AL PNP

A menos de dos años de las elecciones generales, el panorama político de Puerto Rico comienza a organizarse alrededor de una paradoja. El Partido Nuevo Progresista podría enfrentar una primaria intensa por la gobernación, pero la división con mayores consecuencias podría producirse fuera de sus filas.

El Partido Popular Democrático vuelve a tener una figura competitiva en Pablo José Hernández. Juan Dalmau intentará conservar la coalición que lo llevó al segundo lugar en 2024. Si ambos terminan aspirando a La Fortaleza, competirán por una parte importante del electorado que desea sacar al PNP del poder.

Puerto Rico elige a su gobernador por pluralidad. Gana quien recibe más votos, aunque no alcance la mayoría, y no existe una segunda vuelta que obligue a las fuerzas opositoras a unirse. En ese sistema, la fragmentación del voto puede resultar tan decisiva como la popularidad de los candidatos.

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La pregunta central hacia 2028 no es, por tanto, si el PNP llegará dividido a la elección. Su historia reciente demuestra que sabe reunificarse después de una primaria. La pregunta es si volverá a presentar una candidatura capaz de conservar su base mientras el PPD y la Alianza se disputan el voto opositor.

Las primarias no han debilitado al PNP

La experiencia electoral contradice la idea de que una primaria por la gobernación necesariamente deja al PNP fracturado.

En 2008, Luis Fortuño derrotó a Pedro Rosselló y luego ganó ampliamente la elección general. En 2016, Ricardo Rosselló venció a Pedro Pierluisi y llegó a La Fortaleza. En 2020, Pierluisi derrotó a la entonces gobernadora Wanda Vázquez y ganó la gobernación. En 2024, Jenniffer González venció al gobernador Pierluisi y posteriormente ganó la elección general.

La única excepción ocurrió en el ciclo de 2004, cuando Pedro Rosselló derrotó a Carlos Pesquera en la primaria celebrada el año anterior y luego perdió frente a Aníbal Acevedo Vilá por apenas 3,566 votos. Aun en aquella elección, el PNP ganó la comisaría residente y obtuvo el control legislativo. El resultado respondió a una combinación más compleja que una simple división causada por la primaria.

El patrón es difícil de ignorar: la competencia interna ha funcionado para el PNP como mecanismo de movilización, depuración de liderato y organización electoral. Sus electores pueden dividirse durante la primaria y volver a votar juntos en noviembre.

Por eso, una eventual competencia entre González y Thomas Rivera Schatz no debe presentarse automáticamente como una ventaja para la oposición. Podría ocurrir lo contrario: que la primaria aumente la participación, permita al partido reemplazar una candidatura debilitada y produzca una nueva figura alrededor de la cual se reagrupe el estadismo.

La verdadera división podría estar en la oposición

La oposición enfrenta un problema diferente. No se trata de una primaria que concluirá con un candidato único, sino de dos proyectos que podrían aparecer separados en la elección general.

Dalmau buscaría representar nuevamente a la Alianza y al electorado que reclama una ruptura con el bipartidismo. Hernández intentaría reconstruir al PPD y presentarlo como una alternativa viable de gobierno. Ambos podrían aspirar a derrotar al PNP, pero ninguno tendría obligación de retirarse o respaldar al otro antes de la elección.

En un sistema con segunda vuelta, los candidatos opositores podrían competir primero y luego reunirse alrededor del que obtuviera mayor respaldo. Puerto Rico no ofrece esa posibilidad. Si el PPD y la Alianza dividen el voto contrario al Gobierno, el candidato del PNP podría ganar nuevamente sin alcanzar el 50%.

Eso ya ocurrió en 2024. González ganó con poco más del 41%, mientras Dalmau y Jesús Manuel Ortiz sumaron entre ambos una proporción mayor. Esa suma no significa que todos sus electores hubieran votado por una candidatura común, pero demuestra cómo funciona la fragmentación bajo un sistema de pluralidad.

Pablo José cambia el cálculo para Dalmau

Dalmau llegó segundo en 2024 porque logró construir una candidatura mucho más amplia que la base electoral del PIP y el MVC. Recibió apoyo de independentistas, soberanistas, electores no afiliados y populares que lo consideraron la alternativa más competitiva frente al PNP.

Las condiciones de 2028 podrían ser menos favorables.

En la elección pasada, el PPD no tuvo un candidato a la gobernación que lograra dominar la conversación opositora. Hernández altera ese escenario. Ganó la comisaría residente, asumió la presidencia del partido y se ha convertido en su figura con mayor proyección.

Esto no demuestra que Dalmau esté perdiendo apoyo. No existe todavía una encuesta electoral suficientemente sólida para afirmarlo. Pero sí significa que ya no tiene despejado el espacio del “voto útil” opositor.

Un elector popular que respaldó a Dalmau en 2024 porque no veía posibilidades de victoria en el candidato del PPD podría tomar una decisión distinta si Hernández encabeza la papeleta en 2028. Además, quienes desean un cambio de gobierno, pero sienten reservas ante una candidatura independentista, tendrían una alternativa opositora con posibilidades reales.

El reto de Dalmau será probar que su votación representó una transformación duradera y no solamente una respuesta al vacío de liderato que atravesaba el PPD.

El apellido que reactiva la memoria popular

Hernández posee una ventaja que trasciende la estructura del partido: representa simultáneamente renovación y continuidad.

Es joven, tiene preparación académica, ocupa un cargo federal y puede presentarse como una figura de una nueva generación. Al mismo tiempo, su parecido físico con su abuelo, Rafael Hernández Colón, provoca una asociación inmediata con uno de los periodos de mayor fortaleza electoral del PPD.

En sus fotografías y apariciones públicas, su vestimenta formal, sus poses y su estilo sobrio pueden evocar la imagen del exgobernador. No puede afirmarse sin evidencia que se trate de una imitación deliberada. Hernández también ha insistido en que desea ser evaluado por sus propios méritos y ha rechazado que sus adversarios utilicen a sus abuelos para atacarlo.

Pero la percepción política no depende únicamente de la intención del candidato. Para numerosos populares, su figura puede despertar nostalgia por una época en la que el partido ganaba elecciones, tenía un liderato claramente reconocible y proyectaba una idea de gobierno.

Esa conexión puede ayudarlo a reunificar al PPD y recuperar a electores que votaron por Dalmau. También encierra un riesgo: la nostalgia moviliza a la base tradicional, pero Hernández tendrá que demostrar que ofrece respuestas para el Puerto Rico actual y no una restauración simbólica del pasado.

La candidatura del PNP será la variable decisiva

La ventaja estructural del PNP no significa que cualquier candidato suyo pueda ganar.

La evaluación de Jenniffer González se ha deteriorado durante sus primeros dos años de gobierno. Los problemas energéticos, el costo de vida y las controversias administrativas han debilitado su posición, incluso entre sectores que votaron por ella.

Si González consigue la candidatura nuevamente, la oposición podría encontrar en el rechazo a su gestión un elemento capaz de superar sus divisiones. Electores que normalmente escogerían entre Hernández y Dalmau podrían concentrarse en quien perciban con mayores posibilidades de derrotarla.

Si el PNP presenta otra figura, el cálculo cambia. Un candidato con menos desgaste podría conservar la base estadista, beneficiarse de la maquinaria movilizadora del partido y ganar mientras el PPD y la Alianza compiten por el voto opositor.

Rivera Schatz aparece como el posible retador más visible, pero todavía no existe evidencia suficiente para concluir que tendría una ventaja segura en una primaria o en la elección general. Su fortaleza dentro del PNP no garantiza automáticamente una aceptación amplia fuera de sus filas.

La ventaja inicial

A esta distancia, no puede declararse un ganador. Las candidaturas no están definidas y las encuestas disponibles miden principalmente imagen o desempeño, no intención de voto en una contienda concreta.

Sin embargo, la estructura del escenario ofrece una ventaja inicial al PNP. El partido ha demostrado que puede celebrar primarias intensas, reorganizarse y ganar. La oposición, en cambio, podría llegar a noviembre con dos candidaturas competitivas disputándose el mismo deseo de cambio.

Para Dalmau, el desafío será impedir que el resurgimiento del PPD le quite el respaldo que recibió fuera del independentismo. Para Hernández, demostrar que puede convertir la nostalgia y la reorganización popular en una mayoría electoral. Para el PNP, escoger una candidatura que no dependa exclusivamente de la lealtad de su base.

En un sistema sin segunda vuelta, la unidad posterior a una primaria puede valer más que la suma de una oposición fragmentada. Esa podría terminar siendo la principal ventaja del PNP en 2028.