EL DISEÑO DIGITAL TAMBIÉN DISCRIMINA A LOS CEREBROS DIVERSOS

Durante años, la conversación sobre accesibilidad tecnológica se ha centrado en discapacidades visibles: lectores de pantalla, subtítulos, contraste de colores. Sin embargo, existe una forma de exclusión mucho más silenciosa y extendida: aquella que afecta a personas con cerebros que procesan la información de manera distinta, como quienes viven con TDAH, dislexia, trastornos de ansiedad o simplemente con sobrecarga cognitiva.

La mayoría de las plataformas digitales no están diseñadas para ayudar a estas personas, sino para exigirles adaptarse. Y ese diseño no es neutral.


1. EL MITO DEL “USUARIO PROMEDIO”

Buena parte del software moderno parte de una premisa equivocada: que todos los usuarios pueden concentrarse durante largos periodos, seguir múltiples instrucciones a la vez y gestionar información compleja sin fricción.

Ese “usuario promedio” no existe.

Para una persona con TDAH, por ejemplo, interfaces saturadas, notificaciones constantes, flujos largos y jerarquías confusas no son simples molestias: son barreras reales para trabajar, estudiar o comunicarse.

No es falta de voluntad. Es arquitectura cognitiva.


2. CUANDO LA TECNOLOGÍA SE CONVIERTE EN OBSTÁCULO

Plataformas que exigen:

  • demasiados pasos para una tarea simple,

  • recordatorios poco claros,

  • exceso de opciones sin jerarquía,

  • alertas constantes disfrazadas de “engagement”,

terminan penalizando a quienes más necesitan claridad y estructura.

Paradójicamente, muchas de estas herramientas se venden como soluciones de productividad, cuando en la práctica aumentan la fatiga mental y la frustración.


3. DISEÑO ACCESIBLE NO ES “DISEÑO ESPECIAL”

Hacer tecnología accesible para cerebros diversos no significa crear versiones separadas ni “simplificadas”. Significa diseñar mejor para todos.

Algunas prácticas clave incluyen:

  • interfaces limpias y previsibles,

  • opciones reales para reducir estímulos,

  • flujos cortos y visibles,

  • recordatorios configurables y no invasivos,

  • flexibilidad en la forma de organizar la información.

Cuando el diseño respeta la diversidad cognitiva, todos los usuarios se benefician.


4. TECNOLOGÍA COMO PRÓTESIS COGNITIVA

Bien utilizada, la tecnología puede funcionar como una extensión del cerebro humano: ayudando a recordar, priorizar, estructurar y reducir la carga mental.

Pero eso solo ocurre cuando el diseño reconoce que no todos los cerebros funcionan igual ni al mismo ritmo.

Ignorar esa diversidad no es solo un problema de usabilidad. Es una forma de exclusión digital.


En un mundo cada vez más mediado por pantallas, aplicaciones y plataformas, la accesibilidad ya no puede limitarse a lo físico o visual. La diversidad cognitiva es una realidad cotidiana, no una excepción.

Diseñar tecnología que la tome en cuenta no es un acto de caridad.
Es una cuestión de justicia, eficiencia y sentido común.