Desde hace poco más de veinte años, la mezcla de bebidas energizantes con alcohol se ha vuelto común, especialmente entre personas jóvenes. La promesa es atractiva: beber sin sentir cansancio. El problema es que esa sensación es engañosa.
La cafeína y otros estimulantes no reducen los efectos del alcohol. Solo los enmascaran. La persona se siente más alerta de lo que realmente está, lo que puede llevar a consumir mayores cantidades de alcohol sin darse cuenta. Esto aumenta el riesgo de intoxicación, deshidratación, arritmias cardíacas y decisiones peligrosas.
Además, el estímulo artificial puede interferir con las señales naturales del cuerpo que indican que es momento de parar. El resultado es una falsa sensación de control que desaparece cuando los efectos reales se manifiestan, a veces de forma abrupta.
Este tipo de consumo no es un detalle menor ni una moda inocente. Es una combinación que exige mayor información y responsabilidad, especialmente en una época donde las celebraciones se extienden hasta altas horas de la noche.
Más energía no siempre significa más seguridad.
* Para la redacción de este artículo se utilizó parcialmente un modelo de inteligencia artificial con fines de investigación.