ELECTRICIDAD DESDE REPÚBLICA DOMINICANA: EL CABLE QUE CAMBIA LOS ROLES EN EL CARIBE

La reciente autorización del gobierno de Estados Unidos para el desarrollo de un cable eléctrico submarino entre la República Dominicana y Puerto Rico ha reactivado una conversación profunda en el Caribe. No solo sobre energía, sino sobre liderazgo, percepción y desarrollo institucional.

El permiso presidencial concedido por la administración de Donald Trump permite avanzar formalmente el llamado Proyecto Hostos, una iniciativa privada que propone interconectar ambos sistemas eléctricos a través del Pasaje de la Mona, con una capacidad estimada de hasta 700 megavatios.

El presidente dominicano Luis Abinader ha presentado el proyecto como un paso estratégico para fortalecer la cooperación energética regional y posicionar a su país como un actor relevante en la generación y venta de electricidad en el Caribe. En Puerto Rico, sin embargo, la reacción oficial ha sido más cautelosa.

Un proyecto aprobado, pero no inmediato

Aunque el proyecto cuenta con autorización federal, la gobernadora Jenniffer González Colón ha sido enfática en que no forma parte de los planes energéticos actuales del Gobierno de Puerto Rico.

Según explicó, el cable submarino se encuentra todavía en una fase muy inicial y, aun bajo los escenarios más optimistas, no estaría operativo antes de 2031, una vez completados los procesos de construcción, pruebas de interconexión y evaluaciones técnicas. Por esa razón, afirmó que el gobierno no puede ni debe contar con esa electricidad dentro de su planificación a corto o mediano plazo.

La postura no implica un rechazo al proyecto, pero sí una decisión explícita de no depender de él para atender las necesidades energéticas del país.

El gobierno de Puerto Rico marca distancia

Más allá de reconocer que explorar alternativas es positivo, la administración ha reiterado que su prioridad es aumentar la generación local, fortalecer la red existente y prepararse para una demanda energética creciente asociada a la digitalización y al uso intensivo de tecnologías.

En ese contexto, el cable submarino es visto como una posible opción futura, no como una pieza central de la estrategia energética del país ni como una solución a los problemas actuales del sistema eléctrico.

Desmontando un mito persistente

Aunque no hay evidencia de que Puerto Rico haya exportado electricidad a la República Dominicana en décadas pasadas, durante gran parte del siglo XX sí existió una percepción regional de asimetría en infraestructura y servicios básicos. Puerto Rico era visto como un referente de estabilidad eléctrica, mientras la isla vecina enfrentaba apagones frecuentes y limitaciones estructurales.

Ese mapa mental, más cultural que técnico, ya no describe la realidad actual.

Nunca existió una interconexión eléctrica entre ambas islas en los años setenta u ochenta. Lo que existía era una diferencia en desempeño institucional que hoy se ha reducido y, en algunos aspectos, invertido.

El verdadero punto de inflexión

Más allá del calendario, el proyecto introduce una realidad difícil de ignorar: la República Dominicana aparece hoy como un país con capacidad de planificación energética a largo plazo, mientras Puerto Rico continúa lidiando con la reconstrucción de su sistema eléctrico y con los efectos acumulados de décadas de mala gestión.

Ese contraste no es ideológico. Es estructural.

Mientras en un lado se consolidaron proyectos con continuidad administrativa, en el otro predominaron los cambios de rumbo, la politización del sistema eléctrico y la ausencia de una visión sostenida.

Inversión privada y sin respaldo fiscal

El Proyecto Hostos es impulsado por la empresa Caribbean Transmission Development Company (CTDC) y contempla una inversión estimada de $2,300 millones, con la proyección de generar 1,586 empleos durante su fase de construcción.

Según se ha informado, el financiamiento sería completamente privado, sin respaldo fiscal del gobierno de Puerto Rico, más allá de un eventual contrato de compra de electricidad si el proyecto llega a concretarse. Las conversaciones formales con la Autoridad de Energía Eléctrica comenzarían ahora que el permiso presidencial ha sido otorgado.

Por su parte, LUMA Energy ha confirmado estar al tanto de los esfuerzos para desarrollar la interconexión.

Un espejo, no una promesa

El cable submarino no resolverá los problemas energéticos de Puerto Rico mañana ni dentro de pocos años. Tampoco garantiza estabilidad ni tarifas más bajas por sí solo. Su valor principal hoy es otro: funciona como un espejo regional.

Refleja cómo decisiones sostenidas, continuidad administrativa y planificación técnica pueden transformar a un país que antes era subestimado en un actor estratégico. Y recuerda que el estancamiento no es inevitable, pero la improvisación sí tiene consecuencias acumulativas.

En ese sentido, el Proyecto Hostos no debe leerse como una promesa inmediata ni como una dependencia futura, sino como una lección de largo plazo. Una que no llega por caridad ni por nostalgia, sino por cable… y por decisiones.

* Para la redacción de este artículo se utilizó parcialmente un modelo de inteligencia artificial con fines de investigación.