LEY 60: LA APUESTA FISCAL DE PUERTO RICO ENTRE INVERSIÓN GLOBAL Y ACUSACIONES DE “PARAÍSO FISCAL”

Durante años, Puerto Rico ha buscado nuevas formas de revitalizar una economía golpeada por la recesión, la emigración y la crisis fiscal. En ese contexto surgió una estrategia que hoy sigue generando debate: ofrecer incentivos contributivos altamente competitivos para atraer capital global.

El eje de esa política es la Ley 60 de 2019, conocida como el Código de Incentivos de Puerto Rico, una legislación que reorganizó y consolidó numerosos programas de beneficios fiscales existentes en la isla.

La medida integró diferentes incentivos que habían sido aprobados años antes con el objetivo de atraer empresas internacionales y profesionales de alto poder adquisitivo. La apuesta era clara: posicionar a Puerto Rico como un destino atractivo para inversión, emprendimiento tecnológico y servicios financieros.


Cómo funciona el modelo

El sistema de incentivos de la Ley 60 se basa en ofrecer condiciones fiscales particularmente competitivas para quienes establezcan operaciones o residencia en Puerto Rico.

Entre los beneficios más destacados se encuentran:

  • una tasa contributiva corporativa reducida para empresas que exportan servicios desde la isla

  • exenciones significativas sobre dividendos, intereses y ciertas ganancias de capital para inversionistas residentes

  • reducciones en impuestos sobre propiedad y patentes municipales

  • decretos contributivos que pueden extenderse durante más de una década

La lógica detrás de estas medidas es que, al atraer capital y talento internacional, se genere actividad económica local, se creen empleos y se impulsen sectores emergentes.


Los resultados hasta ahora

Desde la creación de los programas que luego fueron incorporados al Código de Incentivos, miles de inversionistas y empresas han obtenido decretos contributivos para establecer operaciones en Puerto Rico.

Muchos de los nuevos participantes provienen de estados estadounidenses con alta carga fiscal y se han instalado en áreas urbanas o costeras de la isla.

Las empresas acogidas al programa operan principalmente en sectores como:

  • tecnología

  • consultoría empresarial

  • servicios financieros

  • desarrollo inmobiliario

  • negocios digitales

Defensores del modelo sostienen que estos incentivos han contribuido a atraer capital privado, estimular nuevos negocios y diversificar la economía.


Un debate sobre su impacto real

A pesar del flujo de inversión, medir el impacto económico total de la política sigue siendo complejo.

Algunos economistas sostienen que los beneficios fiscales han generado actividad empresarial y nuevas oportunidades laborales.

Otros analistas argumentan que el número de beneficiarios sigue siendo relativamente pequeño en comparación con el tamaño de la economía local, lo que dificulta evaluar cuánto crecimiento puede atribuirse directamente al programa.

También existe debate sobre el costo fiscal de estos incentivos, ya que el gobierno deja de recaudar ingresos tributarios al ofrecer reducciones contributivas.


El punto más polémico: ¿paraíso fiscal?

Una de las críticas más recurrentes al programa es la percepción de que Puerto Rico podría estar funcionando como un destino fiscalmente atractivo para inversionistas adinerados que buscan reducir su carga tributaria.

Esta crítica ha llevado a algunos observadores a describir el modelo como una forma de “paraíso fiscal”.

Sin embargo, otros expertos rechazan esa caracterización. Señalan que Puerto Rico continúa bajo el marco regulatorio de Estados Unidos y que su sistema financiero está sujeto a supervisión federal.

El debate refleja una tensión común en muchas economías pequeñas:
cómo competir por capital internacional sin generar desigualdades internas.


Las preocupaciones sociales

Las críticas al programa también se concentran en sus posibles efectos sociales.

Entre los temas más mencionados están:

Mercado de vivienda
En ciertas zonas de la isla se ha observado un aumento en los precios de propiedades, lo que algunos residentes atribuyen a la llegada de compradores con mayor poder adquisitivo.

Desigualdad económica
Sectores de la sociedad civil argumentan que los beneficios fiscales favorecen principalmente a inversionistas externos.

Transparencia y supervisión
Algunos analistas han señalado la necesidad de fortalecer los mecanismos de evaluación para medir el impacto real del programa.


Tres posibles caminos para el futuro

A medida que el debate continúa, el futuro de la Ley 60 podría evolucionar en distintas direcciones.

Expansión del modelo
El gobierno podría reforzar el programa para atraer más empresas tecnológicas, financieras y de innovación.

Reformas al sistema
Algunas propuestas plantean modificar requisitos o exigir mayor inversión local por parte de los beneficiarios.

En paralelo al debate sobre los incentivos contributivos, el gobierno ya ha comenzado a introducir ajustes al sistema. Una legislación firmada hoy por la Gobernadora modifica el tratamiento de las ganancias de capital para nuevos inversionistas que soliciten beneficios bajo la Ley 60 a partir de 2027. Mientras el programa originalmente ofrecía una exención total, el nuevo esquema establece una tasa preferencial de 4 %, en un intento por responder a críticas sobre el impacto fiscal del programa sin eliminar su atractivo para el capital internacional.

Mayor escrutinio político
El programa también podría enfrentar nuevos cambios regulatorios si aumenta el debate sobre su impacto económico y social.


Un experimento económico bajo observación

A cerca de siete años de la implementación de estas políticas fiscales, la Ley 60 se ha convertido en uno de los experimentos económicos más ambiciosos de Puerto Rico en tiempos recientes.

Para sus defensores, representa una herramienta necesaria para competir en la economía global y atraer inversión que de otro modo no llegaría a la isla.

Para sus críticos, plantea interrogantes sobre equidad fiscal, acceso a vivienda y desarrollo económico sostenible.

Entre ambas visiones, la pregunta central sigue abierta:

¿es la Ley 60 una estrategia efectiva para revitalizar la economía de Puerto Rico o un modelo que beneficiará principalmente al capital externo?