PUEBLO DE PUERTO RICO: A BAÑARSE A OSCURAS Y A CUBETAZOS

Administrar los sistemas de agua y electricidad requiere planificación, mantenimiento e inversión. Pero a veces se pasan de creatividad.

Cuando falta agua, puede recurrirse a lo obvio: pedirle al ciudadano que cierre la llave. Cuando falta electricidad, la solución es igualmente innovadora: recomendarle que apague los enseres.

No se informó si, para cumplir ambas exhortaciones simultáneamente, los puertorriqueños deben bañarse a oscuras y a cubetazos.

Las dos crisis tienen causas distintas. La sequía ha reducido las reservas de Carraízo y obligará a imponer interrupciones de hasta 48 horas en varias comunidades. Al mismo tiempo, la salida de dos unidades de Costa Sur dejó al sistema eléctrico con poca capacidad para atender la demanda.

Una situación depende de las nubes. La otra, de máquinas que deben funcionar. Ambas terminan dependiendo de la paciencia del abonado.

Ningún gobierno puede ordenar que llueva. Tampoco puede impedir todas las averías. Pero Puerto Rico ha enfrentado suficientes sequías, racionamientos y fallas eléctricas como para que cada episodio deje de presentarse como una emboscada de la naturaleza.

Conservar agua es responsable. Reducir el consumo eléctrico durante una emergencia también puede evitar apagones. El problema es que la cooperación ciudadana parece haberse convertido en parte permanente de la infraestructura.

El abonado paga por el agua, pero necesita una cisterna. Paga por electricidad, pero considera comprar placas solares, baterías o un generador. Después de financiar los servicios y sus sustitutos, todavía debe consumir menos para ayudar a mantenerlos funcionando.

Es un modelo admirablemente participativo: el ciudadano paga, se equipa, se restringe y finalmente recibe las gracias por su comprensión.

Mientras tanto, cada comunicado informa que los sistemas se recuperan, se estabilizan, se ajustan o permanecen bajo observación. El lenguaje transmite una actividad intensa, aunque el agua y la electricidad no siempre parezcan enteradas.

Puerto Rico no puede evitar todas las emergencias. Sí puede exigir que sus sistemas tengan suficiente capacidad y mantenimiento para que cada contratiempo no termine convertido en una campaña de sacrificio ciudadano.

Cuando falta agua, hay que consumir menos. Cuando falta electricidad, también. Y cuando falta planificación, siempre queda el recurso más abundante del sistema: la paciencia del pueblo.