TERCERO DE UNA SERIE DE TRES ARTÍCULOS
No adoptar nuevas herramientas suele justificarse como prudencia. “Más adelante”. “Cuando haya tiempo”. “Cuando el negocio esté más estable”.
Pero esa espera tiene un costo. Aunque no aparezca en el estado financiero.
El costo del tiempo.
Horas del dueño dedicadas a tareas que no requieren su criterio. Decisiones importantes postergadas porque el día se fue resolviendo urgencias.
El costo del cliente.
Respuestas tardías. Seguimientos inexistentes. Experiencias inconsistentes. Clientes que se van sin que nadie note por qué.
El costo estratégico.
Mientras algunos negocios siguen operando manualmente, otros del mismo tamaño ya están usando automatización e inteligencia artificial para ser más rápidos, más claros y más consistentes. No porque sean más grandes, sino porque son más estratégicos.
No usar inteligencia artificial no mantiene el negocio igual.
Lo deja atrás.
La pregunta clave no es si la inteligencia artificial es perfecta o si sustituirá personas. La pregunta real es si una PYME puede seguir creciendo sin apoyarse en herramientas que hoy ya están disponibles, accesibles y probadas.
La inteligencia artificial no va a reemplazar a los pequeños negocios.
Pero los negocios que la usen correctamente sí van a desplazar a los que no lo hagan.
Esperar también es una decisión.
Y cada día que pasa, esa decisión se vuelve más costosa.
* Para la redacción de este artículo se utilizó parcialmente un modelo de inteligencia artificial con fines de investigación.