EL ALTO COSTO DE VIDA EN PR: ENTRE LA RESISTENCIA Y EL LÍMITE

Las luces navideñas ya cuelgan en balcones y avenidas, pero para miles de familias puertorriqueñas, la temporada llega con un presupuesto drásticamente limitado. El costo de vida, impulsado por aumentos sostenidos en servicios básicos, alimentos y productos importados, ha dejado a muchos hogares en un modo de sobrevivencia, no de celebración.

Como reseñamos el pasado viernes, el estudio Lista de Santa 2025 reveló que una mayoría significativa de consumidores ya ajusta sus hábitos ante la realidad económica. Pero más allá del consumo navideño, lo que este momento pone en evidencia es una condición estructural que lleva años gestándose y que hoy se agudiza: vivir en Puerto Rico es cada vez más caro, y las opciones de ajuste están cerca de agotarse.

Facturas más altas, salarios estancados

La factura de luz —ya entre las más elevadas de EE. UU.— continúa subiendo. A esto se suman los efectos del alza en el precio de alimentos y productos básicos, muchos de ellos sujetos a importaciones que se han encarecido por aranceles, transporte o márgenes comerciales. Mientras tanto, los salarios siguen en niveles que no se ajustan al ritmo de inflación ni a las exigencias de una vida digna.

Para muchas familias, este desequilibrio se traduce en decisiones diarias: elegir entre pagar la luz o llenar la nevera, entre mantener un auto en funcionamiento o cumplir con el alquiler. La sensación de precariedad es persistente, incluso entre sectores que hasta hace poco se consideraban de clase media.

¿Hasta cuándo se puede resistir?

En Puerto Rico, el discurso de la resiliencia ha sido constante desde la crisis de deuda, el huracán María y la pandemia. Pero resistir no es lo mismo que avanzar. Y sostener una economía doméstica en modo de emergencia prolongada tiene consecuencias profundas: en la salud mental, en las oportunidades de desarrollo, en la cohesión social.

La informalidad laboral, el endeudamiento de consumo y la emigración de profesionales jóvenes son solo algunos de los síntomas de este agotamiento económico.

Un problema más allá del bolsillo

Hablar del costo de vida no es solo hablar de precios. Es hablar de política energética, de estructura tributaria, de planificación económica y de prioridades presupuestarias. ¿Por qué cuesta tanto vivir en una isla con recursos, talento y acceso a fondos federales? ¿Qué sectores concentran beneficios mientras el ciudadano promedio ajusta hasta lo mínimo?

El reto está planteado para los consumidores,  así como para los responsables de tomar las decisiones: ¿cómo se reconstruye un entorno económico en el que la vida sea sostenible —no sólo soportable?