Diciembre suele presentarse como una pausa luminosa en medio del año. Sin embargo, para un número significativo de personas, estas fechas no representan alivio, sino una intensificación del malestar emocional. La narrativa dominante de celebración permanente convive, silenciosamente, con episodios de tristeza profunda, ansiedad, soledad y depresión.
Hablar de salud mental durante las fiestas no es un gesto pesimista ni una nota discordante. Es una necesidad. Porque la realidad social no se suspende por decreto emocional ni por tradición cultural.
Cuando el calendario amplifica el malestar
Diversos factores convergen durante este periodo y pueden agravar cuadros depresivos o detonar crisis emocionales:
- La presión social por mostrarse feliz o agradecido.
- La ausencia de seres queridos, ya sea por fallecimiento, migración o ruptura familiar.
- El aumento del aislamiento, particularmente en personas que viven solas.
- La carga económica asociada a gastos estacionales.
- La ruptura de rutinas que, durante el año, sirven como anclaje emocional.
En este contexto, la depresión no surge por falta de voluntad ni por una supuesta incapacidad de “valorar lo positivo”. Se trata de una condición real, compleja, con múltiples dimensiones, que no distingue épocas ni celebraciones.
Señales que requieren atención
Durante estas semanas, es fundamental no normalizar síntomas que pueden indicar un deterioro significativo de la salud mental. Entre ellos:
- Cansancio persistente y desmotivación generalizada.
- Aislamiento marcado o evitación constante del contacto social.
- Alteraciones importantes del sueño o la alimentación.
- Irritabilidad, apatía o sensación prolongada de vacío.
- Pensamientos recurrentes de culpa, inutilidad o desesperanza.
Reconocer estas señales a tiempo puede marcar una diferencia sustancial. Minimizar el malestar, propio o ajeno, solo contribuye a profundizarlo.
Cuidar la salud mental también es una responsabilidad social
La conversación sobre bienestar emocional no debe limitarse al ámbito privado. Promover una cultura de cuidado implica aceptar que no todas las personas viven estas fechas de la misma manera.
Algunas acciones concretas que pueden ayudar durante este periodo incluyen:
- Ajustar expectativas personales y sociales.
- Establecer límites claros frente a compromisos que generan desgaste.
- Mantener hábitos básicos de descanso, alimentación y actividad física.
- Reducir el aislamiento sin recurrir a la sobreexposición emocional.
- Buscar apoyo profesional cuando el malestar persiste o se intensifica.
La atención psicológica no es un recurso extremo, sino una herramienta preventiva y legítima.
El papel del entorno
Para quienes acompañan a una persona que atraviesa un periodo difícil, la clave no está en ofrecer soluciones inmediatas ni frases tranquilizadoras vacías. Escuchar, validar y acompañar suele ser más útil que intentar corregir emociones.
La empatía no elimina el dolor, pero evita que se viva en soledad.
Una reflexión necesaria
Las fiestas no son una prueba de éxito emocional ni un indicador del valor personal. Atravesar esta temporada con dificultad no es un fracaso; es una experiencia humana que merece comprensión y apoyo.
Hablar de salud mental en estas fechas no apaga las luces. Permite ver a quienes, desde hace tiempo, caminan en la penumbra.
* Para la redacción de este artículo se utilizó parcialmente un modelo de inteligencia artificial con fines de investigación.