EL NIÑO SE FORTALECE: POR QUÉ 2027 PODRÍA SENTIR SUS EFECTOS EN BUENA PARTE DEL MUNDO

El océano Pacífico tropical está enviando una señal que los meteorólogos observan con especial atención.

El fenómeno de El Niño, oficialmente establecido durante 2026, continúa fortaleciéndose y tiene más de un 90% de probabilidad de alcanzar una intensidad considerada “muy fuerte” durante el otoño y el invierno del hemisferio norte, según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA).

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) va incluso más lejos respecto a su duración: calcula una probabilidad cercana al 100% de que El Niño continúe activo hasta febrero de 2027, algo que el organismo calificó de excepcional por el grado de coincidencia entre los diferentes modelos climáticos.

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El dato no significa que pueda predecirse exactamente qué ocurrirá en cada país. Pero sí coloca al planeta ante un periodo climático potencialmente extraordinario.

Un Pacífico excepcionalmente caliente

El Niño ocurre cuando las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial central y oriental se vuelven más cálidas de lo habitual y provocan cambios en la circulación atmosférica.

En agosto, NOAA registró anomalías de +1.8 °C en la región conocida como Niño-3.4, una de las principales referencias utilizadas para medir el fenómeno. Más hacia el este, las anomalías fueron todavía mayores: +2.5 °C en Niño-3 y +3.4 °C en Niño-1+2. Además, se han detectado importantes acumulaciones de agua caliente bajo la superficie.

Los modelos de la OMM apuntan a algo todavía más extraordinario: el promedio de la anomalía en Niño-3.4 podría alcanzar alrededor de +3.6 °C durante el periodo septiembre-noviembre de 2026. Se trata, sin embargo, de una proyección y no de una temperatura ya observada.

NOAA calcula actualmente una probabilidad del 97% de que El Niño se encuentre en la categoría “muy fuerte” durante septiembre-noviembre y del 98% durante octubre-diciembre. Para diciembre-febrero, esa probabilidad baja al 75%.

Eso tampoco equivale a decir que existe un 75% de probabilidades de que sea “el mayor El Niño de la historia”. Son conceptos diferentes.

¿Qué podría ocurrir en 2027?

El Niño normalmente alcanza su máxima intensidad entre finales de año y comienzos del siguiente, pero sus consecuencias atmosféricas pueden continuar después de que las temperaturas del Pacífico comiencen a disminuir.

La OMM advierte que los efectos del actual episodio podrían prolongarse hasta bien entrado 2027. Entre los principales riesgos aparecen olas de calor, sequías en algunas regiones y lluvias excepcionalmente intensas e inundaciones en otras.

La agricultura representa otro punto vulnerable.

El Banco Mundial ha advertido que un El Niño más fuerte o persistente puede afectar simultáneamente importantes zonas productoras de alimentos. Históricamente, el fenómeno se relaciona con condiciones más secas en partes del sudeste asiático, Australia, Brasil, África meridional y Asia meridional.

Si esas alteraciones reducen las cosechas mientras persisten otros factores, como los elevados costos de energía y fertilizantes, los precios internacionales de algunos alimentos podrían superar las previsiones actuales.

Pero aquí aparece una de las precauciones más importantes.

Un El Niño extremadamente fuerte no significa automáticamente fenómenos extremos en todas partes.

NOAA advierte expresamente que la intensidad del fenómeno no determina por sí sola la magnitud de sus consecuencias regionales. Otros océanos, corrientes atmosféricas y condiciones locales pueden amplificar, modificar o incluso contrarrestar algunos de sus efectos.

La inquietante cifra de 451,000 muertes

Una de las advertencias más llamativas apareció este mes en un análisis del Climate Impact Lab, vinculado a la Universidad de Chicago.

Sus investigadores estiman que las temperaturas asociadas al actual episodio podrían producir alrededor de 451,000 muertes adicionales relacionadas con el calor entre junio de 2026 y febrero de 2027, en comparación con las temperaturas de un año promedio.

La cifra no debe interpretarse como un conteo de personas que inevitablemente morirán “por El Niño”.

Se trata de una proyección estadística construida combinando pronósticos estacionales de temperatura con relaciones históricas entre calor y mortalidad en más de 24,000 regiones del mundo. Los propios investigadores incorporan márgenes de incertidumbre y señalan que los detalles completos de su metodología serán publicados posteriormente en una revista científica revisada por pares.

El estudio proyecta que el impacto sería especialmente fuerte en países más pobres y calurosos, donde el acceso al aire acondicionado, los servicios sanitarios y otras medidas de adaptación suele ser menor.

La OMM también ha advertido sobre los riesgos sanitarios del actual El Niño y ha pedido a gobiernos y comunidades prepararse para episodios de calor extremo, inundaciones y sequías.

El Niño y el cambio climático

Existe otra distinción importante.

El Niño no es provocado por el cambio climático. Es un fenómeno natural que ha ocurrido durante miles de años.

La ciencia tampoco puede afirmar todavía con alta confianza exactamente cómo el calentamiento global modificará la frecuencia o intensidad futura de los episodios de El Niño.

Donde existe mayor certeza es en el escenario sobre el cual actúa.

El planeta actual es más caliente que el del siglo pasado. Por eso, cuando El Niño añade temporalmente calor al sistema climático, parte de sus consecuencias puede producirse sobre temperaturas de fondo ya elevadas. NOAA considera probable que el calentamiento global modifique los impactos asociados a El Niño y La Niña, incluidos algunos fenómenos meteorológicos extremos.

En otras palabras, son dos fenómenos distintos que pueden coincidir: una oscilación natural del Pacífico actuando dentro de un planeta que se ha calentado a largo plazo.

Un experimento climático que nadie pidió

Todavía es demasiado pronto para saber si el episodio 2026-2027 terminará ocupando un lugar entre los mayores El Niño registrados.

Lo que ya resulta menos discutible es que se trata de un fenómeno excepcionalmente fuerte.

La OMM espera temperaturas superiores a lo normal en buena parte de las superficies terrestres del planeta durante los próximos meses, mientras El Niño continúa reorganizando los patrones de lluvia.

Y quizá esa sea la manera más prudente de observar 2027.

No existe un pronóstico de desastre climático uniforme para todo el planeta. Habrá regiones donde los efectos sean intensos, otras donde sean moderados y algunas donde las consecuencias típicas de El Niño sencillamente no se materialicen.

Pero el océano Pacífico está acumulando suficiente energía como para alterar las probabilidades climáticas en buena parte del mundo.

Y esta vez, los científicos lo están viendo venir con meses de anticipación.