PUERTO RICO PAGARÁ UNA DE LAS FACTURAS ELÉCTRICAS MÁS CARAS DE ESTADOS UNIDOS

Desde hoy, 1ro. de octubre, encender una bombilla, utilizar el aire acondicionado o cocinar con electricidad será considerablemente más caro para cientos de miles de familias puertorriqueñas.

El nuevo ajuste aprobado por el Negociado de Energía de Puerto Rico aumenta en aproximadamente 5.28 centavos por kilovatio hora los cargos relacionados con combustible y compra de energía.

Para un cliente residencial que consuma unos 800 kilovatios hora mensuales, la factura utilizada como ejemplo por el regulador pasa de $228.59 a $270.86. Son $42.27 adicionales al mes, equivalentes a un incremento de 18.5%.

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Pero el aumento adquiere otra dimensión cuando se compara con el resto de Estados Unidos.

ENTRE LAS MÁS CARAS

La nueva tarifa residencial de Puerto Rico ronda los 33.58 centavos por kilovatio hora.

Utilizando como referencia los datos más recientes disponibles de la Administración de Información Energética de Estados Unidos, correspondientes a julio, solamente Hawaii y California presentan precios comparables o superiores.

Hawaii, una jurisdicción insular con alta dependencia de combustibles importados, registraba aproximadamente 48 centavos por kilovatio hora. California se encontraba en 33.61 centavos.

Puerto Rico queda prácticamente empatado con este último estado.

Maine, con 32.41 centavos, y Massachusetts, con 30.49, aparecen inmediatamente después.

La diferencia más reveladora, sin embargo, está frente al conjunto del país.

El promedio residencial estadounidense era de aproximadamente 18.31 centavos por kilovatio hora. La nueva tarifa puertorriqueña resulta alrededor de 83% más alta.

La comparación no constituye un ranking oficial de octubre, porque los datos disponibles para los estados corresponden a julio mientras que la nueva tarifa puertorriqueña entró en vigor ahora. Pero la magnitud de la diferencia permite dimensionar cuánto cuesta producir y consumir electricidad en Puerto Rico.

UNA FACTURA CARA PARA UN SISTEMA FRÁGIL

Puerto Rico comparte con Hawaii algunos problemas estructurales.

Ambos sistemas están aislados de las grandes redes eléctricas continentales y dependen en gran medida de combustibles importados. Una isla no puede simplemente comprar electricidad a un estado vecino cuando una generadora sale de servicio.

Sin embargo, la comparación termina ahí.

El sistema eléctrico puertorriqueño continúa enfrentando una infraestructura envejecida, averías frecuentes y problemas tanto en generación como en transmisión y distribución.

Los propios informes operacionales presentados por LUMA reflejan una realidad desigual. Algunas regiones han registrado mejoras en la frecuencia o duración de las interrupciones, pero a nivel de toda la isla la duración promedio de los apagones aumentó durante el último año fiscal.

Las fallas de equipos continúan figurando entre las principales causas de interrupciones.

Es precisamente esa combinación entre precio y confiabilidad la que convierte el nuevo aumento en algo más que una discusión sobre combustible.

¿POR QUÉ SUBE?

El Negociado de Energía atribuyó buena parte del incremento a un déficit acumulado entre el costo real del combustible utilizado durante los últimos meses y las cantidades que habían sido cobradas a los consumidores.

Entre las causas se encuentran unidades de generación base fuera de servicio, una mayor utilización de generadores que funcionan con combustibles más costosos y dificultades relacionadas con el suministro de gas natural.

El regulador sostiene que esos costos ya fueron incurridos y que no aprobar algún mecanismo para recuperarlos no hace desaparecer la deuda.

Pero tampoco aceptó todos los gastos presentados.

Decenas de millones de dólares relacionados con controversias sobre suministros de gas, pagos y otras partidas quedaron fuera de la tarifa mientras se realizan auditorías y verificaciones adicionales.

Eso revela otra cara del problema energético puertorriqueño: el consumidor no solamente está expuesto al precio internacional del combustible, sino también a las consecuencias económicas de las ineficiencias, averías y disputas contractuales dentro de un sistema extraordinariamente complejo.

EL COSTO DE LA INEFICIENCIA

Durante décadas Puerto Rico ha discutido cómo transformar su sistema eléctrico.

Han cambiado administraciones, operadores, compañías generadoras, planes energéticos y modelos de contratación.

La promesa ha sido prácticamente siempre la misma: un sistema más moderno, confiable y económico.

Sin embargo, para el consumidor residencial el resultado inmediato es mucho más sencillo de medir.

Una familia que utilice 800 kilovatios hora mensuales tendrá que encontrar aproximadamente $42 adicionales cada mes para pagar la electricidad durante este trimestre.

En un año, si un nivel similar de precios se mantuviera, eso representaría más de $500 adicionales.

Y detrás de esa cifra permanece una pregunta que ninguna comparación internacional puede responder por sí sola:

¿Cuánto debe pagar un consumidor por un servicio eléctrico que todavía no alcanza los niveles de confiabilidad que cabría esperar de una de las tarifas más altas de Estados Unidos?

La diferencia es que el alto costo de la electricidad en Hawái no viene acompañado, de manera habitual, por un nivel de interrupciones comparable al que enfrenta Puerto Rico. Ambos territorios comparten desventajas propias de sistemas eléctricos insulares y una fuerte dependencia de combustibles importados, pero en Puerto Rico el consumidor paga además dentro de una red que continúa registrando apagones frecuentes, averías y problemas de infraestructura. Esa combinación entre precio elevado y confiabilidad deficiente es precisamente lo que hace particularmente onerosa la factura puertorriqueña.